Nativos de la incertidumbre
Creamos nosDeu en un momento en el que casi todo parece estar en revisión. La inteligencia artificial está cambiando la forma de trabajar, crear, decidir y resolver problemas. Muchas tareas que hasta hace poco parecían complejas se están democratizando, y otras, que todavía no sabemos nombrar o imaginar, aparecerán por el camino.
Una de las razones para intentarlo fue precisamente la necesidad de construir un proyecto con libertad de movimiento, capaz de aprender rápido, adaptarse y seguir aportando aunque cambien las herramientas, los formatos o la manera de trabajar.
Hoy es la inteligencia artificial, pero mañana será otra cosa. La necesidad de resolver problemas seguirá ahí, y lo que queremos cuidar es la capacidad de entender, probar, reaprender y construir soluciones útiles sin quedarnos atrapados en una única forma de mirar el mundo.
Nos gusta mirar el presente e imaginar el futuro con curiosidad. Desde el optimismo es más fácil aprender, experimentar, jugar, equivocarnos y construir soluciones que tengan un impacto positivo en la sociedad. No porque ignoremos los riesgos, sino porque mirar el futuro solo desde la amenaza reduce nuestra capacidad de actuar.
IA con sentidiño
Podríamos habernos subido al carro de decir que somos AI first, pero realmente lo que nos gusta ser es de IA con sentidiño.
La inteligencia artificial, o cualquier nuevo paradigma tecnológico, no puede ser la respuesta automática para cualquier pregunta o problema. Puede acelerar mucho y precisamente por eso, conviene usarla con calma: saber cuándo aporta, cuándo estorba, cuándo automatizar, cuándo revisar y cuándo dejar que una persona mire algo con más contexto.
También conviene recordar algo incómodo: generar no es terminar. Si usamos la IA para enviar sin leer, sin entender y sin trabajar, solo estaremos contribuyendo a lo que en Datola llamamos la mierdificación de los entregables, o workslop.
Para nosDeu, el sentidiño está en no confundir velocidad y brilli brilli con valor. En usar la IA para cuidar mejor los procesos, ampliar nuestro criterio y construir soluciones que aporten de verdad.
Reaprender
Lo que hoy vale, mañana igual no.
Siempre fue así, aunque ahora lo sentimos más cerca, más rápido y más evidente. Por eso una de las capacidades más importantes, y también más bonitas, de esta época es reaprender.
Reaprender nos permite juntar el criterio que da la experiencia con la curiosidad de volver a mirar algo como si todavía no supiésemos del todo cómo funciona.
No queremos defender una forma de hacer las cosas solo porque fue la que aprendimos, porque nos funcionó durante años o porque nos da cierta seguridad. Disfrutamos cuestionando nuestros procesos, entregables, reuniones, informes, herramientas, métricas y formas de colaborar, no para vivir en una mudanza permanente, sino para no quedarnos atrapadas en inercias.
Hay una frase que nos gusta mucho: "Como no sabían que era imposible, lo hicieron."
Nos recuerda que muchas veces el mayor bloqueo no está en la dificultad real, sino en todo lo que damos por supuesto antes de intentarlo: en los "esto siempre se hizo así", en los "eso no se puede" o en los "no merece la pena probarlo". No se trata de ignorar lo que hemos aprendido ni de negar nuestros límites, sino de no convertirlos en una jaula.
No delegar el conocimiento
Queremos usar la inteligencia artificial sin delegarle el conocimiento.
Nos interesa que nos ayude a pensar, no que piense por nosotros. Que nos ayude a contrastar, ordenar, documentar, detectar errores, explorar caminos y construir más rápido, pero sin perder la capacidad de entender lo que estamos haciendo.
Cada interacción con una máquina debería hacernos un poco más inteligentes, no un poco más dependientes. Debería ayudarnos a aprender, a decidir con más criterio y a construir soluciones que aporten algo positivo a la sociedad.
Delegar tareas puede tener mucho sentido, pero delegar criterio, no.
La IA puede ser una compañera enorme si seguimos cuidando lo importante: el contexto, la responsabilidad, la memoria, el aprendizaje y la capacidad de hacer mejores preguntas. Porque lo difícil no será usar una herramienta nueva, montar un agente o automatizar una tarea. Lo difícil seguirá siendo entender bien qué problema queremos resolver.
A veces será con IA, a veces será una automatización, a veces será ordenar mejor los datos, cambiar un proceso, tener una conversación pendiente o dejar de hacer algo.
Y en todos esos casos, la decisión seguirá siendo nuestra.
La ventaja nunca fue la herramienta
Con la inteligencia artificial, muchas ventajas durarán poco. Los modelos cambiarán, las interfaces cambiarán y las herramientas que hoy parecen mágicas mañana serán una funcionalidad más. Lo que hoy parece diferencial por saber usar una tecnología concreta puede dejar de serlo en muy poco tiempo.
La ventaja nunca fue solo exprimir la herramienta, aunque a veces ayude. Está en todo lo que permite usarla con sentido: entender bien los problemas, cuidar el contexto, tener datos fiables, diseñar procesos claros, evitar dependencias innecesarias y seguir reaprendiendo.
Porque cuando todo el mundo tenga acceso a herramientas parecidas, la diferencia estará en quién entiende mejor qué hacer con ellas, qué no merece la pena hacer y qué problema está intentando resolver.
Seguiremos resolviendo
A veces pensamos que los problemas son como la energía: ni se crean ni se destruyen, se transforman.
Cambian las herramientas, los formatos y las formas de trabajar, pero de fondo, siguen apareciendo preguntas parecidas: qué necesitamos entender, qué puede hacer mejor una máquina, qué necesita criterio o mirada humana y dónde podemos aportar más valor.
Lo que hacemos hoy, quizá no tenga sentido mañana, pero eso no nos asusta. Nos recuerda que seguimos formando parte de algo vivo.
Estamos en una época maravillosa para aprender, construir y disfrutar del camino.
A esta vida, y a este proyecto, solo le pedimos energía, curiosidad y motivación en dosis infinitas.
Lo demás irá cambiando.